En las palabras del P. Jean-Claude Colin no se menciona la Cuaresma. Sin embargo, las lecturas evangélicas de este periodo hacen referencia a temas que le son muy queridos. Nos animan a volver sobre ellos.
- La limosna, la oración, el ayuno, todo el bien que hacemos se mancha cuando buscamos presumir, "como los hipócritas" (Mt 6,1-18, Miércoles de Ceniza). Es en el secreto del corazón donde el Padre ve lo que es bueno. Colin lo expresa así: negarse a presumir, a ser 'ostentosos’, vivir como María en la humildad (Const.7)…
- Las tentaciones de Jesús evocan todas las formas del mal: apropiarse de los recursos, servirse de Dios en lugar de servirle, querer dominar el universo. El relato evangélico (Mt 4, 1-11) es muy amplio, pero los tres "noes" de Colin lo interpretan más en términos de sus implicaciones personales: rechazar "el espíritu de ambición, codicia y apetito de poderr" (Const. 92), siendo el espíritu de María radicalmente opuesto a este espíritu del mundo.
- La Transfiguración según Mateo (17:1-9) es como un resumen de la revelación bíblica, centrada en la vida, muerte y resurrección de Jesús. Conduce a la vida ordinaria: los discípulos "no vieron a nadie más que a Jesús solo". La visión es en el momento; el flujo de la vida vuelve a lo mundano. Los apóstoles lo experimentaron, y también los creyentes que les siguieron. La contemplación es necesaria, pero debe alimentar la humilde acción cotidiana. Colin nos invita a mantener presentes las escenas fundacionales, María en Nazaret, María en Pentecostés (Const. 8). Pero están ahí para estimular un compromiso cada vez mayor con la misión, "ante las necesidades más urgentes de la gente".
Que esta breve reflexión nos ayude en nuestro camino cuaresmal.
P. Jean-Bernard Jolly, Marista




