En 1996, en la iglesia de Notre Dame de France de Londres, el equipo marista y un grupo de feligreses fundaron el Centro de Refugiados de Notre Dame (NDRC) para dar la bienvenida a los migrantes y desarrollar respuestas a sus diversas necesidades. En aquella época, varios países francófonos de África atravesaban una situación de agitación y guerra. Como consecuencia, estos refugiados huyeron de sus países en busca de asilo y de un hogar más seguro en otro lugar. Compartieron los bancos de la iglesia con la comunidad de Londres y los feligreses se mostraron deseosos de ofrecerles su apoyo.
La iniciativa partió de una idea sencilla pero profunda, tal y como recuerda el padre Martin McAnaney (miembro del patronato de la NDRC): «Era algo muy sencillo: teníamos un centro parroquial, así que decidimos dedicar unas horas a dar la bienvenida y ofrecer compañía a las personas con las que compartíamos los bancos». Al principio no había servicios formales, asesores ni programas elaborados, solo un espacio cálido y acogedor, que con el tiempo se convertiría en un centro de prestigio que asesora a cientos de personas cada año.
El 19 de junio, la NDRC celebró su 30.º aniversario con una recepción en un huerto comunitario local. El acto contó con la actuación musical de un antiguo refugiado, cuyo viaje contó con el apoyo del equipo del centro. Al reflexionar sobre las últimas tres décadas, el padre Martin destacó cómo la organización benéfica había sabido adaptarse con éxito a un panorama cambiante. La mejora de los servicios permitió al equipo adaptarse de manera eficaz a los cambios demográficos entre los refugiados provocados por los conflictos mundiales. Para esta estabilidad resultaron fundamentales el gran número de voluntarios extraordinarios y la fidelidad del personal, ya que los empleados con más antigüedad mantuvieron unida la misión fundamental de la organización. Por último, el compromiso inquebrantable de los donantes, incluso en medio de un clima político difícil, garantizó la sostenibilidad financiera.
De cara al futuro, la NDRC está preparada para afrontar nuevos retos y espera que los próximos 30 años sean igual de exitosos. Como comentó un antiguo cliente:«Son una bendición para la comunidad porque nos hacen sentir integrados en la sociedad».






