Al acercarse la solemnidad de la Inmaculada Concepción, proponemos algunos extractos de la meditación pronunciada por el Papa León XIV con motivo del Jubileo de la espiritualidad mariana (Roma, 11 de octubre de 2025).
En este Jubileo de Espiritualidad Mariana, nuestra esperanza está guiada por la luz suave y persistente de las palabras de María, tal como las narra el Evangelio. Son particularmente preciosas sus últimas palabras en las bodas de Caná. Refiriéndose a Jesús, dijo a los criados: "Haced lo que él os diga"(Jn 2,5). Fue la última vez que habló. Estas palabras, que casi parecen un testamento, deben ser atesoradas por sus hijos, como lo sería el testamento de cualquier madre.
Lo que él te diga. Ella está segura de que el Hijo hablará; de que su palabra aún no es definitiva; de que sigue creando, generando y obrando; de que llena el mundo de primavera y las ánforas de la fiesta de vino. Como un faro, María señala más allá de sí misma, mostrando que el destino final es el Señor Jesús y su palabra: el centro hacia el que todo converge; el eje en torno al cual giran el tiempo y la eternidad.
Sigue su palabraexhorta. Vivid el Evangelio: encarnadlo, viviéndolo con determinación y alegría. Vive el Evangelio y la vida pasará de ser vacía y aburrida a algo pleno y vibrante.
Haced lo que él os digael Evangelio en su integridad, con todas sus exigencias y consuelos, reproches y abrazos. Haced lo que entendáis e incluso lo que no entendáis. María nos exhorta a seguir el ejemplo de los profetas, no dejando caer al suelo ni una sola de las palabras del Señor (cf. 1 Sam 3,19).
Las palabras de Jesús que nunca debemos dejar "caer por tierra", y que resuenan de modo particular en esta vigilia de oración por la paz, son las que dirigió a Pedro en el Huerto de los Olivos: "Deja tu espada" (cf. Jn 18,11). Desarmad vuestras manos y, sobre todo, vuestros corazones. Como he dicho antes, la paz es desarmarse y desarmar. No es disuasión, sino fraternidad; no es ultimátum, sino diálogo. La paz no vendrá como resultado de victorias sobre el enemigo, sino como fruto de sembrar justicia y perdón valiente.
Deponed la espada es un mensaje dirigido a los poderosos de este mundo, a quienes dirigen el destino de los pueblos: ¡tened el valor de desarmaros! Al mismo tiempo, es una invitación a cada uno de nosotros a reconocer que ninguna idea, fe o política justifica la matanza. Primero debemos desarmar nuestros corazones porque, a menos que tengamos paz en nuestro interior, no podremos dársela a los demás.




