El evangelista Juan introduce el relato de la Última Cena, en la que Jesús lava los pies a sus discípulos: "Antes de la fiesta de Pascua, supo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre. Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo". En el momento de la Pasión, en la hora de la prueba, Jesús sigue amando. En tiempos de dificultad o penuria, a menudo es tentador replegarse sobre uno mismo, morar en el dolor. Pero Jesús nos muestra otro camino: el camino de la apertura, el camino de una entrega que trasciende toda prueba. Esta actitud conduce a la salvación.
Jesús vio la prueba de la Pasión como una invitación a amar hasta el extremo. Se puso al servicio de sus amigos. En la cruz, cuidó de su madre, confiándola al discípulo que amaba. En medio de su gran prueba, siguió amando y velando por sus seres queridos. Siguiendo el ejemplo de Jesús, responder a la adversidad con amor no es negar la dificultad. No es debilidad ni cobardía. Es acoger las dificultades sin dejar que definan nuestra vida o nos consuman. Es seguir las huellas de Cristo.
Contemplando a Jesús lavando los pies a sus discípulos -incluido el que le traicionaría- y observando la resistencia de Pedro a aceptar el humilde servicio de su amigo (para Pedro, un maestro es el que dirige a los demás, no el que sirve), tomamos conciencia de nuestras propias limitaciones, de nuestra dificultad para amar de verdad. Pero también podemos optar por seguir el camino que Cristo nos abre: el camino del amor desinteresado, desde la Pasión hasta el alba de la Resurrección.
Los acontecimientos que celebramos y recordamos durante el Triduo Pascual tuvieron lugar hace dos mil años en Jerusalén, pero hoy son una inspiración para innumerables personas en todo el mundo. En estos tiempos difíciles, en los que la guerra hace estragos en tantos lugares, muchos de nuestros hermanos y hermanas viven la Pasión de un modo demasiado real. Recordemos que Jesús está con nosotros en nuestras pruebas. Confiemos al Señor nuestras propias dificultades, a nuestros familiares que luchan con enfermedades de cualquier tipo, y a todos aquellos por los que ahora rezamos.
Señor, ésta es la hora de tu abandono. Veo cómo te traicionan y te entregan, cómo te repudian, te acusan falsamente, te interrogan, te torturan, te condenan injustamente. Ante la Cruz me siento desgarrado. Huiría de ella, pero el amor me mantiene cerca. Levanto los ojos para encontrarme con tu mirada. Qué duro es soportar los sufrimientos de los demás, especialmente de aquellos a quienes amamos. Amar es sufrir. Ser vulnerable es estar herido. Señor, tú estás hombro con hombro con todas las víctimas inocentes del mundo. ¿Qué sufrimientos me pides que soporte? Ayúdame a ser fiel, a perseverar, a confiar, a sufrir y a amar. Señor, haz que acoja la vida nueva de tu Resurrección; que no pierda la esperanza, y ayúdame a construir un mundo donde florezca la paz. Amén.
Pascal Boidin sm






