El 1 de agosto de 2026, la capilla de Santa Ana en Obili, Yaundé (Camerún), acogió una ordenación conjunta para el Distrito Africano de la Sociedad de María, presidida por el obispo Emmanuel Dassi Youfang. Los diáconos Lewis Kum Mvo sm y Ondoua Joseph Arnaud sm fueron ordenados sacerdotes, mientras que Robert Badjeck Degrandauth sm fue ordenado diácono. Joseph ha sido destinado a la parroquia marista de Bambili, en Bamenda, situada en el noroeste anglófono de Camerún, mientras que Lewis y Robert se incorporarán a la misión marista de Voundou. ¡Enhorabuena y nuestras oraciones para ellos al iniciar su nuevo ministerio en la Sociedad de María!
El padre Joseph comparte algunas reflexiones sobre su trayectoria:
Vivimos este momento de ordenación con un espíritu de gratitud, pues, a lo largo de nuestra formación, fuimos los primeros en ser testigos de la bondad de Dios y, sobre todo, de su providencia. No hemos olvidado el maravilloso camino espiritual y humano por el que Él nos guió hace dos años, cuando Lewis y yo realizábamos nuestra estancia misionera en la comunidad marista de Londres (Leicester Square). Aquella peregrinación con los jóvenes de Notre Dame de France, que nos llevó por varias localidades españolas siguiendo los pasos de Santiago y que, finalmente, nos permitió vivir la Jornada Mundial de la Juventud en Portugal… Es un recuerdo que ha dejado una huella indeleble en nosotros. Nuestra ordenación, dos años después, está impregnada de ese hermoso sentido de hermandad que nuestra cercanía a tanta diversidad ha contribuido a fortalecer.
Hemos realizado un maravilloso retiro preparatorio, dirigido por uno de nuestros hermanos maristas, sobre la semejanza del sacerdote con Cristo: el Siervo, el Maestro, el Sacerdote. Ahora sabemos que estamos dotados de una fuerza que es misión; misión como la voluntad misma de Dios de comunicarse a su pueblo, una misión que nos convierte en hermanos de los demás cristianos, pero también en mediadores de la misericordia de Dios hacia todos.
La vida de un sacerdote hoy en día conlleva diversos retos que, en ocasiones, dificultan el ejercicio de este ministerio; sin embargo, lo asumimos con esperanza y humildad. Somos como los sirvientes de las bodas de Caná, a quienes María sigue diciendo hoy, en el seno de su Sociedad: «Haced lo que Él os diga».
¡Reza por nosotros!














