HAZTE MARISTA
¿Puede ser esto para ti?
¿Qué te esta llamando Dios a ser?
Los Maristas respiran el espíritu de María
Ser marista es ser la presencia de María en el mundo, encarnar cada día la sencillez, la humildad, la apertura y la compasión que María nos mostró a través de su vida.
Vivimos una vida fraterna alegre, y esa alegría y gratitud experimentadas y compartidas en la comunidad marista nos ayudan a vivir nuestro carisma, aumentan nuestra preocupación por la unidad y nos mueven a ser amables y acogedores.
Tenemos un espíritu misionero, basado en la unión íntima con Dios y el desapego de los bienes materiales. Buscamos ser el rostro materno de la Iglesia, sencillo, humilde, misericordioso, acogedor y sinodal. Como católicos, estamos llamados a anunciar el Evangelio y a ponerlo en práctica a la manera de María, mostrando el amor a prójimo.
Todos pueden pertenecer a esta familia de María, ya sea como religiosos, sacerdotes, hermanos, hermanas o laicos, casados o solteros.
“Pertenecen por elección graciosa a la familia de la bienaventurada María, de cuyo nombre se llaman Maristas.”
(P. Juan Claudio Colin)
Como religiosos maristas formamos una congregación internacional de hombres (sacerdotes y hermanos) que viven en comunidad, compartiendo una vida de oración y misión.
Conoce a los maristas
Para leer más historias sobre los maristas
MÁS INFORMACIÓN SOBRE
1. Nuestras misiones maristas
2. El proceso de discernimiento
3. El camino para convertirse en marista

Trabajamos con muchas personas de nuestro entorno a través de nuestras palabras y acciones.
Ser como María significa servir a los demás de forma inclusiva y amable.
Como Padres Maristas, participamos en muchos ministerios y proyectos diferentes.
Acción por la justicia social, la paz y el cuidado de la creación
Educación
Pastoral parroquial, capellanías y acompañamiento
Ministerio de Acogida
Misión en el extranjero
¿Cómo sé que Dios me llama a una vocación concreta?
“La oración es el aceite que mantiene encendida nuestra lámpara”.
P. Juan Claudio Colin

Dios nos llama a cada uno de una manera única. Si quieres discernir cuál es su plan para ti, hay algunos signos comunes de que Dios te llama a una vocación:
Pensamiento o deseo persistente. Cuando hay una vocación particular que sigue apareciendo en tu mente, ya sea en momentos de oración o en la vida cotidiana.
Alegría y paz. Cuando estás discerniendo una vocación concreta y sientes alegría, emoción y paz, eso es un gran signo de la presencia del Espíritu Santo.
Afirmaciones positivas. Si tu familia, amigos u otras personas te dicen que serías un buen sacerdote, esposo o persona consagrado, presta atención a ese consejo porque Dios puede inspirarlo.
Abrir puertas. Cuando empieces a moverte en la dirección de la vocación a la que Dios te llama, Él enderezará ese camino; no sin dificultades, pero Dios hará posible que avances.
Crecimiento en santidad. Si empiezas a perseguir una vocación particular y te conviertes en una mejor persona, creciendo en virtud y amor a Dios y al prójimo, es una señal excelente.
Intención de oración por la formación en el discernimiento
Papa León XIV
Espíritu Santo, luz de nuestro entendimiento, dulce aliento en nuestras decisiones, dame la gracia de escuchar atentamente tu voz para discernir los secretos caminos de mi corazón, a fin de captar lo que realmente es importante para ti y liberar mi corazón de sus aflicciones.
Te pido la gracia de aprender a detenerme para tomar conciencia de mi manera de actuar, de los sentimientos que habitan en mí, de los pensamientos que me invaden, y que, muchas veces, no logro reconocer.
Deseo que mis elecciones me conduzcan a la alegría del Evangelio. Aunque deba atravesar momentos de duda y cansancio, aunque tenga que luchar, reflexionar, buscar y comenzar de nuevo… Porque, al final de cuentas, tu consuelo es el fruto de la decisión correcta.
Concédeme conocer mejor qué es lo que me mueve, para rechazar aquello que me aleja de Cristo, y así más amarlo y servirlo.
Amén.








